Ventanas correderas. Tipos y Características

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Las ventanas correderas pueden ser horizontales o vertica­les. Tanto unas como otras permiten una amplia abertura, sin salirse de su plano, por lo que tienen una buena aceptación entre los usuarios al no crear estorbos para las cortinas ni ocupar espacio de la habitación. La abertura no puede rebasar el cincuenta por ciento, a menos que las guías se prologuen más allá del hueco, por detrás del muro o que se dispongan más de dos carriles.

Ventanas correderas horizontales

Es preciso asegurar en las ventanas correderas que el deslizamiento se produzca de manera suave, reducien­do el rozamiento al máximo. Para ventanas ligeras de pequeñas dimensiones, bastará con disponer carriles de plástico de bajo rozamiento. Para mayores dimensiones, se debe dotar de herrajes con rodamientos a bolas a las hojas móviles. En todo caso, es preciso realizar una limpieza rutinaria de las guías.

Para la limpieza de sus hojas, las correderas deslizantes horizontales habrán de ser accesibles desde el interior, lo que limita su anchura recomendable, exceptuando el caso de las que quedan al alcance desde el exterior, como las de salida a terrazas o patios.

La solución de ventanas correderas es favorable para la ventilación permanente, ya que en ellas es posible dejar una estrecha abertura. Es recomendable en edificios escolares o infantiles debido a la suavidad de su movimiento, ya que los niños no se dan golpes al manejarlas, como puede ocurrir con las giratorias o pivotantes.

La construcción de las ventanas correderas es relativamente compleja, por lo que  pueden resultar más caras que otros tipos, sobre todo si se exige de ellas una resistencia a la infiltración de aire que les haga aptas para lugares expuestos.

La hoja de apertura usual de la corredera horizontal debe estar dotada de dispositivo de accionamiento manual por el interior; y en el caso de balconeras, interior y exterior. La balconera, además, debe tener un sistema de condena interior. Si es de dos hojas, la secundaria estará dotada de un cierre con o sin condena, salvo que el cierre de la hoja principal actúe sobre ella.
En todo caso, se debe impedir la posibilidad de desencajado accidental o voluntario de las hojas, igual que sucede con las puertas correderas

Ventanas correderas verticales

Las correderas verticales o guillotinas se vienen realizando tradicionalmente, desde hace muchos años, en madera, y actualmente en su versión metálica o de aluminio. Necesitan un dispositivo de contrapeso para aligerar el desplazamiento, que actual­mente se realiza por medio de muelle en espiral. En las guillotinas de pequeño tamaño de aluminio se puede prescindir de él, disponiendo retenedores con muelle, para fijación de las hojas en la posición deseada. El sistema de equilibrio empleado deberá en todo caso permitir la maniobra independiente de cada hoja, salvo en el caso de ambas hojas equilibradas entre sí; en todo caso ha de ser de fácil regulación, permi­tiendo mantener el paralelismo entre hoja y cerco.

El sistema de poleas y cadenas debe tener una disposición que haga imposible el descarrilamiento.

La limpieza de las guillotinas obliga a asomarse fuera de la ventana, lo que puede resultar peligroso. Por ello existen algunos modelos dotados de un sistema que hace posible soltar la hoja y sacarla hacia dentro para limpieza. En este caso su peso deberá permitir con facilidad el manejo, y estarán dotadas de un sistema de seguridad que impida su caída.

Las guillotinas son muy favorables a impedir la penetración del agua de lluvia, lo que las hace muy adecuadas a climas lluviosos, en los cuales, a veces, se tiende a su colocación a haces exteriores de la fachada, lo que en cierta medida les resta eficacia, a no ser que se trate de dobles ventanas, en cuyo caso el hecho de que la hoja exterior quede enrasada a la fachada, ofrece la mayor seguridad contra la lluvia asociada con el viento.

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